viernes, 10 de abril de 2009
Cuéntame cómo va cayendo el sol. Mientras hablas pensaré qué guapa estás. Qué suerte ser la mitad del cuento de un atardecer que observo al escucharte, porque mis ojos son tu voz. Acércate, que cuando estamos piel con piel, mis manos te dibujaran, tu aroma me dirá tu edad. Junto a ti, unidos sin saber por qué, seguramente se me note el resplandor de una ilusión, porque a tu lado puedo olvidar que para mí siempre es de noche. Pero esta noche es como un atardecer. Si logras que a la vida se asome, tus ojos sean los que brillen. y la luna que la borren. Que en mi eterna oscuridad el cielo tiene nombre: tu nombre. Que no daría yo por contemplarte aunque fuera un solo instante. Hace frío. Es tarde y tienes que volver. Que hay alguien que te espera, seguro.Una vez mas el tiempo se nos fue. ¿Volverás?, dime sí mañana volverás como lo has hecho cada tarde, para contarme como muere el día. Y se marcho, ella se alejo de él. Pero, como en las cartas, dos puntos, posdata: “se me olvidaba, no me presente”. Sólo fui testigo por casualidad, hasta que de pronto, él me pregunto: “Era bella, ¿no es verdad?”. "Más que la luna" - dije yo -, y él sonrío. Nunca más sé hará reproches por intentar amanecer. No volverá a perderse en la noche, porque su alma hoy brilla con más fuerza que un millón de soles. Pero, en su eterna oscuridad, a veces se le oye a voces. Que no daría yo por contemplarte, aunque fuera un solo instante.
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